LAS MATRACAS
- 21 nov 2023
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Actualizado: 5 dic 2023
¡Ay, el mercado, amor de mi alma del barrio! El lugar de unión universal entre los mercaderes y una larga cantidad de clientes de la zona u otros que viajan algunos metros más para comprar allí, un lugar de intercambio desde tiempos de la era del imperio mexica. El mercado de San Bartolo, un lugar donde se encuentra de todo; este mercado no falla en presentarnos algunos de los elementos primordiales de un mercado de cualquier parte de México.
Un lugar de abastos de gran extensión con varios puestos de distintos objetos de venta, desde películas pirata de todo tipo de géneros para cualquier cinéfilo, ropa de marca y copia de marca que está en tendencia o a la moda para todos, mercancía de abarrotes, verduras, frutas, semillas, y muchas otras que se venden en mayoreo o en menudeo, o cómo olvidarnos de la gran variedad de dulces mexicanos que dejan con el antojo tanto a grandes como a chicos.
Estos establecimientos se encuentran al entrar en alguna de sus cuatro entradas del mercado, cuyos nuevos murales coloridos hacen que se vea lleno de vida, retratando los monumentos más destacados de Naucalpan como las Torres de Satélite o uno de sus acueductos.
Al entrar al mercado, recorres lo largo de sus estrechos pasillos entre los puestos, ubicados de forma rectangular cuyas calles de Madrid, mientras los más expertos vendedores y con el más fino lenguaje cuyos apodos aduladores hacen que uno voltee inevitablemente a ver sus productos.
Al recorrer un poco hasta llegar al centro de los puestos, puedes llegar a la joya de la corona de este y tal vez cualquier mercado, las muestras gastronómicas tan variadas y de todo tipo que hacen salivar hasta el paladar más refinado de Polanco, y como digna joya de la corona gastronómica mexicana, nos encontramos con la taquería “Las Matracas”, cuyos tacos de cecina son furor entre cualquiera que los pruebe en su visita.
Esta taquería se encuentra en uno de los puestos centrales del mercado, paredes azules y pisos blancos que se extienden por aproximadamente dos puestos, cuya gran parrilla de gas se encuentra en medio del establecimiento y a su alrededor unas extensiones de la mesa color plateado y sillas de plástico de colores tan vividos y altos para poder alcanzar la mesa.

Foto tomada por Guillermo Medina para La Capital a bocados
En la parrilla se encuentran los maestres, cocineros, meseros y carniceros con su impecable, pero a la vez grasoso, uniforme de la taquería: un mandil blanco con su camisa de polo azul. Todos se mueven al ritmo de las cumbias sofisticadas que ambientan el establecimiento. A pesar de estar apurados entre los pedidos de tanta gente, no muestran pudor al bailar al ritmo de las cumbias de Armando Hernández.
Cuando uno llega, debe estar atento a cualquier señal de los comensales que se encuentran en la mesa y que podrían retirarse. Desde las nueve de la mañana hasta las 5 de la tarde, que cierran, el lugar siempre está lleno y no hay ningún lugar vacío. Tras encontrar un lugar, uno de los taqueros te encontrará con la mirada y te recibirá con un cálido saludo: “¿Qué pasa, mi güero? ¡Qué gusto verte aquí! ¿De a cuántos y qué van a querer?”
Su menú es muy simple, ya que consiste en cuatro tipos de tacos: La cecina, que es el clásico y su estrella, ya que es la misma cecina de res que ellos producen; La cecina enchilada en su salsa especial; de longaniza; y, claro, la unión de ambos elementos en el campechano.

En la plancha siempre se encuentran estos elementos en cada una de las esquinas, siempre cocinándose y calentándose en su propio jugo, pero no están solos, ya que siempre van acompañados de los toppings que les ponen a sus tacos.
Dentro de la anatomía de sus tacos de canasta, encontramos cuatro elementos principales: una tortilla de tamaño normal que hace que el taco imponga con su tamaño y que es rica en calcio y fibra, La cecina que es el alma del taco, grasosa y llena de proteína cortada en trozos pequeños, unas papas a la francesa que hacen mucho más llenador el taco y que aportan al paladar otro sabor que combina perfecto con la carne y finalmente, unos trozos de cebolla ligeramente asados.
Estos elementos aportan mucho más cuando se combinan y se transforman en un solo ente, ya que uno puede distinguir fácilmente y disfrutar cada uno de sus sabores, y ni mencionar cuando se le agrega limón y alguna de sus salsas que tienen repartidas a lo largo de las mesas.
Como complemento, en el puesto de enfrente se venden aguas naturales, donde en alianza con la taquería crean una experiencia agradable para los comensales. Aguas frescas de sabores que van desde el tamaño pequeño hasta el litro de agua que venden, y con variedades como coco, limón, jamaica, horchata, maracuyá y hasta de sandía. Un complemento que solo le atribuye a la experiencia y que sirve para bajar el taco.
Pero lo que más me gusta de ir a comer tacos en "Las Matracas", más allá de su sabor y calidad, es eso invisible que se encuentra a lo largo y ancho del mercado, ese hilo que nos une a todas las personas, nos da un grado de compañerismo y unión.
En estos espacios, como el mercado principal de Naucalpan, encontramos a personas de toda clase social, raza o religión, pero parece que esas barreras desaparecen a lo largo del mercado y en especial en la mesa de la taquería. Pues ahí todos buscan algo, se apoyan para vender y para que uno encuentre lo que necesita.
Pero algo que ha unido desde siempre a las personas es su propia comida o la comida de otros lugares. En esta misma mesa, donde todos estamos sentados unos al lado de otros y la idea de tener que sentarte al lado de un desconocido solo porque ese lugar estaba libre, hace que la comunicación y la convivencia sean inevitables.
En esa mesa me he encontrado con todo tipo de personas, desde amas de casa en busca de mandado, señores emprendedores, comerciantes, chicos de mi edad y hasta alguna familia de clase media alta de Naucalpan. Entre esas mesas, refrescos de vidrio y tacos surgen interacciones entre gente que no se conoce, pero comparten su gusto por este puesto, por la música que está sonando o por los mismos partidos de fútbol que luego ponen en su televisión en la esquina del establecimiento.
Personas que, por otras situaciones o en otros contextos, nunca se hubieran hablado, pero gracias a este puesto de comida, surgieron interacciones positivas que crean lazos y transmiten un sentimiento de comunidad unida que hace que se nos olviden por un momento las desgracias del mundo. La comida puede hacer unión en esa taquería, y tal como lo puede hacer en ese mercado, en este municipio y posiblemente en todo el país.


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